INDAGACIÓN - KRISHNAMURTI


INDAGACIÓN

KRISHNAMURTI

Si queréis ver la vida como una clara descripción debéis por discernimiento y selección de vuestras múltiples experiencias, acopiar el conocimiento que os ayude a realizar vuestro propósito. La conducta no puede separarse del pensamiento, de las emociones y de la acción; y cuando comprendáis la vida en conjunto, y aprovechéis la vida como escabel, realizaréis vuestro propósito.

Mi intento es que comprendáis vuestros deseos, que fortalezcáis vuestro adelanto hacia la perfección. Pero si tan sólo me obedecéis o me utilizáis como una autoridad, como un peldaño en vuestro camino a la perfección, fracasaréis, porque no os incitará vuestro anhelo. En cambio, si fortalecéis vuestra comprensión por vosotros mismos, por vuestro deseo, y aprovecháis vuestra experiencia para dicho fin, nadie podrá destruir ni robaros lo que hayáis ganado. Así como de una hoguera salta una chispa capaz de convertirse en llama que se levante al cielo, así en cada ser humano brota la chispa del deseo, y yo quisiera intensificar en vosotros este deseo, de modo que seáis capaces de encender el fuego necesario para el cumplimiento de la vida.

Seguir a otro, quienquiera que sea, es para mí la negación de lo que yo sostengo que es verdad. La adoración es contraria a todas mis ideas, y especialmente la adoración a los individuos; y si me mirarais como una autoridad cuando mi forma perezca, volveréis a quedar atados a la misma rueda de limitación. No necesito secuaces ni discípulos ni alabanza ni adoración de ninguna clase. No necesito de nadie.

Pasaron los tiempos en que uno dejaba el mundo y se retiraba a un apartado paraje a un monasterio. Ha llegado el tiempo de la abierta vida y de la clara comprensión, y yo quisiera hablar de la comprensión que hallé. Quisiera mostraros cómo encontré a mi Amado, y cómo está el Amado establecido en mí, cómo el Amado es el Amado sobre todo y cómo el Amado y yo somos uno, de modo que nada pueda haber separación ni ahora ni nunca.

Largo tiempo estuve en rebeldía contra todas las cosas, contra la autoridad ajena, contra la instrucción y el conocimiento de otros. Yo no quise aceptar nada como Verdad hasta que hallé la Verdad por mí mismo. Nunca me opuse a las ideas de otro, pero no quise aceptar su autoridad ni su teoría de la vida. Hasta que me declaré en rebeldía y sentí disgusto por todas las cosas, por todo credo, dogma y creencia, no fui capaz de hallar la Verdad. Hasta que deseché todas estas cosas por el constante esfuerzo de comprender lo que tras ellas había, no fui capaz de alcanzar la Verdad que buscaba. Desde luego, que yo no pensé en todas estas cosas en mi juventud, sino que surgieron en mí espontáneamente. Pero ahora puedo ordenar todos los sucesos de mi vida y ver cómo me desenvolví para lograr mi propósito y me he identificada con él.

Durante largo tiempo indagué cuál había de ser mi finalidad y mientras indagaba vi a las gentes presas de sus deseos como la mosca queda presa en la red de la araña. Desde que tuve uso de razón vi a las gentes absortas en sus pensamientos y conturbadas por la futilidad de la vida. Doquiera iba, veía gentes creídas de que su felicidad estribaba en las riquezas materiales, y otras que disfrutaban de todas las comodidades de este mundo y, sin embargo, andaban perturbadas y confusas, porque eran esclavas de sus comodidades. Vi gentes que amaban intensamente y no obstante estaban ligadas por su amor, porque no habían encontrado el medio de amar y no obstante, ser libres. Vi gentes de mucho conocimiento, pero ligadas por este mismo conocimiento. Vi gentes apoyadas en la religión y no obstante atadas a sus tradiciones y temerosas de lo desconocido. Vi al sabio apartado del mundo en su propia reclusión y al ignorante esclavizado a su trabajo.

Al observar así a las gentes eché de ver que se levantaban vallas de prejuicio, de creencia, de credulidad, de vivo temor de lo adverso que luchaban, intentando escapar de las vallas que ellos mismos se habían levantado. Al observar a las gentes vi cuán inútiles son sus esfuerzos si no se libran de los dioses a que adoran y de los intérpretes que los guían. Cada guía y cada intérprete de la Verdad la expone según su limitada visión, y quien del intérprete dependa para comprender, sólo conocerá la Verdad según las limitaciones del intérprete. Pero si establecéis vuestro propósito, si intensificáis vuestro anhelo de Verdad, y por la observación, el sufrimiento y la experiencia comprobáis la intensidad de vuestro anhelo, no necesitaréis intermediario, no habréis de interponer nada entre vosotros y vuestra aspiración, entre vosotros y la Verdad.

Quisiera poder infundiros la certeza de la Verdad, por que la Verdad supera a los libros de todas las religiones y a toda creencia por querida que os sea. Pero aunque no comprendéis, la Verdad os parece algo temible, un enemigo a quien vencer, y este temor os mueve a buscar un intermediario. Pero si tuvierais pureza de mente y corazón, no necesitaríais instructores ni intermediarios que inevitablemente han de condicionar y limitar la Verdad.

Desde mi juventud he venido observando estas cosas y nunca quise dejarme prender en tales confusiones. Por haber establecido mi propósito y haberme considerado siempre como un bote en la corriente sin enlace con la tierra donde domina la confusión, he vencido, y ahora quisiera compartir mi experiencia con los demás, ayudar a los confusos a hacer su mente y corazón sencillos en su deseo de liberación.

Desde mi niñez he sido rebelde como son o deben ser todos los jóvenes. Nada me satisfacía. Escuchaba, observaba y anhelaba algo más que huecas frases, algo más que la maya de las palabras. Necesitaba descubrir y establecer por mí mismo mi aspiración. No quería apoyarme en nadie. No recuerdo el tiempo en que fui modelado en mi niñez; pero miro hacia atrás y veo que nada me satisfizo.

Cuando por vez primera estuve en Europa, conviví con personas ricas y bien educadas que estaban en posición de autoridad social; pero por mucha que fuese su dignidad y distinción no podían satisfacerme. También me rebelé contra los teósofos con toda su jerigonza, sus teorías, sus reuniones y sus explicaciones de la vida. Cuando asistía a una reunión, los conferenciantes repetían las mismas ideas que no me daban satisfacción ni felicidad. Cada vez asistía a menos reuniones y vi cada vez menos conferenciantes que no hacían más que repetir ideas teosóficas. Lo preguntaba todo porque quería indagar y encontrar la Verdad por mí mismo.

Anduve por las calles observando los rostros de las gentes que acaso me observaban a mí con mayor interés. Frecuenté el teatro y vi cómo se divertían las gentes, tratando de olvidar sus penas y creyendo que resolvían sus problemas con sólo proporcionar a su ánimo superficial excitación. Vi gentes con autoridad política, social o religiosa, que sin embargo carecían de lo más esencial en la vida, cual es la felicidad. Asistí a reuniones de los partidos laborista y comunista, y escuché lo que decían sus caudillos. Generalmente protestaban contra algo. Despertaron mi interés, pero no me dieron satisfacción.

Al observar unos y otros tipos adquirí experiencia por ajeno ejemplo. Dentro de cada uno de ellos había un latente volcán de infelicidad y descontento. Yo pasaba de un placer a otro, de una a otra diversión en busca de la felicidad que no hallaba. Observaba las diversiones de los jóvenes, sus bailes, trajes y prodigalidades, y veía que no eran felices, que no tenían la felicidad que yo buscaba. Observé a los menesterosos con deseo de destruir lo que otros habían construido. Se figuraban que iban a resolver el problema de la vida destruyendo y edificando algo nuevo, y sin embargo, eran desdichados.

Vi gentes deseosas de servir de auxilio en los barrios de las ciudades donde viven los indigentes y degradados. Anhelaban ayudar y no tenían quien los ayudase. ¿Cómo puede curar a otro una enfermedad el mismo que la padece y no se la cura? Vi gentes satisfechas en su improductiva y tediosa ociosidad, el tipo burgués que jamás se esfuerza en sobreponerse a su nivel o se hunde bajo su peso.

Leí libros de filosofía y religión, biografías de hombres célebres; mas, no pudieron darme lo que necesitaba, la certeza y seguridad de mi actitud respecto de la vida de modo que nada me pudiera conturbar.

Volví a la India y vi que las gentes se estaban, asimismo, engañando, apegadas a las mismas antiguas tradiciones y tratando cruelmente a la mujer, al propio tiempo que alardeaban de muy religiosas y se embadurnaban el rostro con ceniza. Podían tener en la India los más sagrados libros del mundo, las más profundas filosofías, podían haber construido en pasados siglos admirables templos; pero nada de esto fue capaz de darme lo que anhelaba. Ni en Europa ni en la India pude hallar la felicidad.

Todavía peregriné siempre en busca de la felicidad cuya existencia presentía. No era un convencimiento escuetamente intelectual o emocional. Era como la oculta e indescriptible perfección, de cuya existencia estamos seguros. No podemos preguntarle al capullo cómo se abre ni cómo exhala su perfume ni en qué instante de la mañana se despliega al sol. Pero si observáis cuidadosamente, si con atención vigiláis, descubriréis la oculta belleza de la perfección.

Sin haber establecido todavía el propósito de que dimana el deleite de la vida, fui a California. Me obligaban las circunstancias porque mi hermano estaba enfermo. Allí viví en una casita entre las colinas, completamente retirado y sin servidumbre. Si queréis descubrir la Verdad debéis apartaros durante algún tiempo del mundo. En aquel retirado paraje conversábamos mucho mi hermano y yo. Meditábamos con intento de comprender, porque la meditación profunda equivale a comprensión.

Naturalmente me retraje allí en mi interior y aprendí que mientras no tuviera definido propósito de vida, me vería cual el resto de la humanidad zarandeado como buque en tormentoso mar. Con este pensamiento, después de desechar toda menudencia establecí mi propósito. Quería entrar en la eterna felicidad y beber en la fuente de la vida. Quería enlazar el principio con el fin. Mi propósito fue desde entonces mi Amado y el Amado es la Vida de todas las cosas. Quería anular la separación entre el hombre y su finalidad. Me dije que mientras hubiese este vacío de separación entre mí y mi propósito estaría sujeto a la duda, la miseria y la turbación, que habría autoridad a que debiese obedecer y acatar. Mientras haya separación entre vosotros y yo seremos todos desdichados. Así me propuse derribar cuantas barreras había hasta entonces levantado. Empecé por desechar, apartar y renunciar a cuanto había adquirido y poco a poco me acerqué a la realización de mi propósito.

Cuando murió mi hermano, me dio este suceso mucha experiencia, no por la aflicción, que es momentánea y se desvanece, sino porque subsiste el gozo de la experiencia. Para quien acabadamente comprende la vida, la muerte es una experiencia de la cual puede construir su casa de perfección y delicia. Cuando mi hermano murió, todavía existía en mí aquel abismo de separatividad. Le vi una o dos veces después de muerto, pero no me satisfizo su visión. ¿Cómo podía satisfacerme el estar solo? Podéis inventar frases y tener mucho conocimiento de libros; pero mientras en vuestro interior haya separación y soledad habrá tristeza. Yo luchaba porque quería establecer la vida en mi interior, identificarme con mi propósito. La vida es un proceso de lucha, un continuo acopio del polvo de la experiencia.

Si andáis perdidos en noche obscura y veis una luz lejana, os encaminaréis hacia la luz con ensangrentados pies, a través de pantanos y precipicios y de obstáculos, porque conoceréis que la luz indica una vivienda humana. Así anduve y luché yo en demanda de la luz de mi propósito, de la mente final, de la meta de toda la Humanidad, porque es la misma Humanidad.

Los precipicios, los obstáculos y tropiezos son cosas pasajeras. Yo sufría, pero me propuse liberarme de todo cuanto me ligaba, hasta que por fin me uní con el Amado y entré en el mar de la liberación y la establecí en mi interior.

La simple unión con el Amado, el directo sendero de perfección, el eterno sendero, alegra la vida. Nunca encontrará la Verdad quien la busque en los reinos de maya, en el reino del intelecto o de la emoción, o en el mundo de las físicas sensaciones; pero quien la halle reconocerá que en ella se contiene todo. No podéis separar la vida de ninguna expresión de vida; pero debéis ser capaces de distinguir la vida de mi propósito, porque la vida me parecía una cosa y el conocimiento, otra; pero el resultado fue que todas las cosas se me presentaron confusas y recurrí en demanda de auxilio a las tradiciones, a las comodidades, al contento y satisfacción personal.

Cuando percibís la luz de vuestra aspiración, os guía como el faro al buque en costa tenebrosa. Una vez hayáis percibido la vislumbre de perfección, la inefable belleza oculta que trasciende toda teoría intelectual y toda excitación emotiva, será vuestro guía eterno, iluminará vuestro sendero y cualquiera sea vuestra experiencia, realizaréis vuestro ideal. No habéis de lograr lo poco, sino el todo en cualquier etapa de evolución. Podréis percibir al Amado cuando hayáis aprendido a transmutar las penas y alegrías de la vida en términos de eterna Verdad. Si podéis interpretar toda experiencia a la luz de vuestra aspiración, la realizaréis.

Por estar unido eterna e inseparablemente con mi Amado, que es el Amado de toda la Humanidad, quiero mostraros el camino, porque estáis en dolor, en tristeza y duda. Pero yo solamente puedo ser para vosotros indicador del camino. Debéis tener la fuerza de vuestro propio deseo antes de realizar vuestra aspiración. Debéis experimentar personalmente el dolor y la aflicción. Debéis luchar con vuestro propio esfuerzo. Vuestro deseo ha de proceder de vuestra misma alma. Ha de resultar de vuestra personal experiencia, porque sólo así realizaréis vuestra aspiración.

Al hablaros de lo que yo logré no deseo instituirme en autoridad, porque si tal hiciera y vosotros lo acatareis impediría vuestra individual percepción de la Verdad. Quiero que respiréis el fresco aire de las montañas; pero si buscáis mi autoridad permaneceréis en el tenebroso valle de vuestra limitación. Es mucho más fácil para vosotros adorar y obedecer ciegamente que liberaros por medio de la comprensión.

Hasta que fui capaz de identificarme con mi Amado, que es el Amado de todos y el principio y el fin de todas las cosas, no quise decirlo que lo había hallado, y al hallarlo, me había identificado con Él. Hasta que fui capaz de unirme con lo eterno, no podía comunicar la Verdad a otros. Hasta que tuve la certeza de haber llegado a la meta final, no quise decir que yo era el Instructor. Ahora que he hallado y he establecido al Amado en mi interior, ahora que soy el Amado os comunicaré algo de la verdad, pero no para que la recibáis autoritariamente, sino con comprensión. No importa si la aceptáis o la rechazáis. Cuando la flor se abre y exhala su perfume no cuida si el transeúnte se deleita o no en su fragancia.

He pintado mi cuadro en la tela y quiero que lo examinéis críticamente y no a ciegas. Quiero que tomándolo por modelo tracéis un nuevo cuadro, por vosotros mitos. Quiero que os enamoréis del cuadro, no del pintor, que os enamoréis de la Verdad y no de quien os la comunica. Enamoraos de vosotros mismos y amaréis a todos los seres.

Para alcanzar la liberación no es necesario ingresar en ninguna sociedad ni pertenecer a ninguna religión por que atan y limitan y os sujetan a determinada modalidad de culto y creencia. Si anheláis la liberación habéis de luchar como yo luché contra todo linaje de autoridad, por que la autoridad humana, la autoridad de un falible intermediario, es la antítesis de la espiritualidad.

Si hoy usara de autoridad y la aceptarais, no os liberaría, pues no haríais más que imitar la liberación ajena, y os ataríais más fuertemente a la rueda de la limitación. No debéis permitir que nada ni nadie ate vuestra mente y vuestro corazón, pues si lo permitierais estableceríais otra religión y otro templo, es decir que al desvanecer unas creencias estableceríais otras. Lucho contra toda tradición que liga, contra todo culto que oprime, contra todo proselitismo que corrompe el corazón. Si queréis lograr la liberación cuyo camino os señalo, habéis de empezar, como yo empecé, por descontentaros, por rebelaros, con interna disidencia, contra todo cuanto os rodea. Frecuentemente decís: «Obedeceremos a nuestros jefes». Pero, ¿quiénes Son vuestros jefes? Yo no quiero ser jefe ni tener autoridad sino que seáis vuestro propio jefe.

La vida es sencilla y magnificente, amable y divina; pero queréis encerrar en un estrecho círculo toda la belleza y frescura de la aurora y de la tranquila noche para adorarla. Bajáis a orillas del mar al atardecer, cuando sopla la fresca brisa que orea las briznas de hierba y remueve la arena y mece las hojas de los árboles y las olas entrechocan, y queréis reunir y aprisionar toda esta belleza en un estrecho templo. Para vivir noblemente no necesitáis sustentar creencias; y sin embargo, decís: «He de adorar dioses y practicar ritos y visitar santuarios y seguir esto y lo otro». Es un perpetuo debo. Este modo de vivir no es vivir.

Hagáis lo que hagáis, no levantéis otro templó en mi derredor, pues no estaría yo en él. Quiero ser vuestro compañero con la suavidad de la brisa. Quiero libertaros de vuestras limitaciones y estimularos a la individual creación, y a la individual perfección, a ser quienes debéis ser y no remedio de otro. Sólo es posible purificar y trascender el yo, cuando por sí mismo se encamina a la perfección, no cuando lo sujetan las limitaciones y lo atan las tradiciones, las fórmulas y los innecesarios atavíos que juzgáis indispensables para vuestro bienestar.

Recuerdo un cuento escrito por un autor noruego, cuyo protagonista, en busca de la felicidad, iba afiliándose a una religión tras otra, adorando a un dios tras otro y practicando ceremonia tras ceremonia, sin hallar lo que buscaba. Al fin se hizo budista, y al dejar el cuerpo entró en el Nirvana, donde vio que los dioses de todas las religiones estaban sentados en amigable conversación. Los dioses le ofrecieron un sitio vacante. El protagonista tenía forma de llama y no aceptó la oferta, y desapareció cuando los dioses trataron de apresarle, sin que pudieran seguirle porque aún los mismos dioses estaban ligados. Así no os liguéis a nadie, porque la felicidad está en vuestro interior.

Yo me propuse hallar por mí mismo el propósito de la vida y lo hallé sin autoridad ajena. Así entré en el mar de liberación y felicidad donde no hay limitación ni negación porque es el cumplimiento de la vida.

Quiero comunicar esta comprensión a todos porque después de mi largo camino hacia la perfección, la establecí en mi interior y mi mente está tranquila y eternamente liberada como la llama.

J. Krishnamurti.


"Miguel de Jesús Flores Vidal"

14 de Noviembre de 2007