El Águila Y El Cóndor – Parte 6

El Águila Y El Cóndor – Parte 6

Una Historia Verdadera de un Inesperado Viaje Místico



© Copyright 2007 – Jonette Crowley

Todos los Derechos Reservados

Center for Creative Consciousness

www.theEagleandtheCondor.com

Ganadora del premio 2007 COVR: Book Award

Finalista en el premio de Mejores Libros Nacionales 2007



Traducción: Anita Manasse – estrellam@sion.com

8 de mayo, 2008



CAPÍTULO 41 – LAGO TITICACA

“Necesitas cambiar dinero para el viaje al Titicaca”.

“Sí”. Mi respuesta puso en marcha una extraña secuencia de eventos que sin embargo eran hechos de la vida cotidiana de Larry Cuellar, el asistente de Mallku, que conducía para llevarme al encuentro con Mallku.

Empujando a través de las calles atiborradas de una sola dirección de Cuzco, aparentemente dejando al azar la dirección, finalmente Larry ubicó el coche del lado derecho en la principal avenida comercial. Estuve asombrada cuando repentinamente nos detuvimos sin tener a la vista bancos o quioscos para cambiar el dinero.

“¿Cuánto cambiarás?” preguntó Larry en un inglés laborioso. A medida que me daba vuelta a la izquierda para responderle, un gran hombre negro, en campera de cuero, con un puñado de billetes golpeó violentamente en la ventana de mi lado del coche. Demasiado rápido para mí, para pensarlo, Larry demandó, “Dale tu dinero”. Larry me indicó que bajase la ventana para el extraño sombrío, quién arrancó los dólares de mi mano aún antes de haber bajado totalmente la ventana. Un policía gritando fuertemente en Español corría hacia nuestro coche. Motoristas atascados detrás de nuestro coche estacionado hacían sonar sus bocinas para hacernos saber que ellos no apreciaban el que nos hubiésemos detenido. En menos de veinte segundos, el capitalista de la vereda había contado mis dólares, calculó mi cambio, y contó para mí el dinero Peruano, empujándolo a través de la ventana un minuto antes de que el policía llegase. Tres segundos más tarde estábamos de regreso en el flujo del tráfico hacia la plaza en donde Mallku esperaba para llevarme al Lago Titicaca.

“¿Qué es lo que acaba de pasar?” pregunté, aún incierta si yo era la víctima de una estafa elaborada.

“Estos cambistas del mercado negro le dan una tarifa mejor que los bancos”, fue la respuesta calma de Larry.

Mallku manejó rápido – muy rápido – desde Cuzco hacia Puno, que es la ciudad principal a orillas del Lago Titicaca del sudeste de Perú. “No soy un hombre paciente” me dijo, aunque la evidencia era clara.

Yo repetía silenciosamente, “Confía en Mallku” mientras señales de Curvas Peligrosas pasaban rápidamente, tal como lo indicaban monumentos para los seres amados que no habían tenido conductores con la eficiencia y suerte de Mallku. Él señaló el punto en el que el tren cruzaba la carretera, pero el que debido a una colina, no podía ser visto hasta que era demasiado tarde; cosas que realmente no era necesario que las sepa.

Escuchamos sus CD’s de Sarah Brightman. “Ella tiene la voz de un ángel. Es mi inspiración”, manifestó, a medida que íbamos por el altiplano, o planicies de elevadas altitudes. A mi también me encanta la música de Sarah Brightman, pero estaba asombrada que un hombre Peruano de treinta y ocho años conocía a esta soprano. Mallku intercalaba los cantos de Brightman con la guitarra legendaria de Santana.

“Eso es más de lo que hubiese esperado”, dije riendo, mientras disfrutaba tanto de Brightman como de Santana.

El verano era gentil en los Andes. Las cosechas estaban aseguradas a lo largo del paisaje, sus colores surgiendo de entre las colinas. De los fuegos sagrados el humo se elevaba en forma de nubes. Las llamas, alpacas, vicuñas y algunas ovejas más ordinarias y vacas encontraban amplio pasto. Los perros dormían en la ruta porque el asfalto era caliente. Mallku tenía la vista aguda, desviándose por carros de buhoneros, camiones que echaban humo, micros de transporte demasiado llenos, niños escolares y animales de rebaño de mente independiente.

Estaba oscuro y aún estábamos a una hora de distancia de Puno, cuando la Madre Naturaleza nos saludó vehementemente, con toda su fuerza. Los relámpagos zigzagueantes iluminaban al cielo. De horizonte a horizonte, los cielos centelleaban al mediodía. “Wow” exclamamos simultáneamente, una y otra vez. Mallku advirtió, “Esta cantidad de relámpagos significa granizo”. Y así fue. Dentro de minutos, el paisaje estaba cubierto unos tres centímetros en un blanco abultado. Cada conductor bajaba la velocidad, respetando el riesgo de llantas gastadas sobre las pilas heladas del granizo. El relampagueo violento perfiló fantásticamente el paisaje de colinas blancas, mientras recorríamos las últimas diez millas hacia el lago.

“Cuatro horas y media”, exclamó Mallku orgullosamente cuando nos deteníamos delante del hotel. “Mi record fueron tres y media, pero entonces viajaba solo”.

Durante los dos últimos días había ayunado para prepararme para algo importante. Normalmente no me pierdo una comida, así que el ayuno fue algo de compromiso. En el hotel en la costa del lago en Puno, observé a Mallku comiendo sus papas, avocado y arroz en el restaurante.

OTRA INICIACIÓN ENERGÉTICA

Compartimos una habitación doble. Me sentía con una profunda paz estando acostada ahí, alegre hasta mi núcleo de que este hombre, a cuya alma adoraba, era tan feliz. Tal como me comentó mientras aún estaba en Colorado, se había encontrado con una mujer brasilera en uno de sus grupos de turismo. Después de pasar dos semanas, juntos, ellos decidieron que ella se iba a mudar a Cuzco. Cuando él hablaba acerca de Evelyn y su visión del futuro, su cara se iluminaba con excitación y sus ojos marrones chispeaban. No hay nada más maravilloso que las etapas iniciales de estar enamorado.

En ese estado dichoso traté de dormirme, pero las energías que me estaban preparando para nuestro trabajo espiritual venidero estaban fluyendo poderosamente hacia mi interior. En primer lugar, mi pierna izquierda comenzó a temblar incontrolablemente. Me dí vuelta para estar de espaldas. Instantáneamente mi pierna derecha comenzó a moverse. Luego el temblor involuntario comenzó a invadir a mi cadera, espalda y lo demás. Olas de movimiento emanaron de mi zona pélvica y bajaron por mis piernas y de regreso por mi torso. Los espasmos vigorosos eran extrañamente rítmicos. Después de unos veinte minutos aproximadamente que todo mi cuerpo estuviese temblando con olas de un poder incontrolable, me dí cuenta que parte de esa energía era para Mallku. No estaba pensado que yo lo incorpore sola. Estuve embarazada al despertarlo mientras roncaba suavemente en la otra cama y yo ni siquiera estaba segura de poder pararme sobre mis piernas temblorosas.

Pero esto era el motivo por el cual había venido al Perú; no iba a dejar que la conciencia propia me detenga. Mis piernas temblorosas me soportaron mientras estuve parada al lado de la cama de Mallku, llamándolo por su nombre y empujándolo suavemente para que despierte. Él refunfuñó. Yo seguí, “Mallku, tengo otra iniciación energética para vos. Tengo que acostarme a tu lado y poner mi mano sobre tu corazón.” Él se corrió sin una palabra y dentro de los diez segundos estaba dormido de nuevo. O, quizás no estaba durmiendo. Hubiera sido difícil dormitar conmigo acostada a su lado y con espasmos de olas espirituales energéticas. No había otra cosa que yo pudiese hacer salvo esperar a que el movimiento se termine, lo cual duró otros quince minutos. Cuando mi cuerpo dejó de temblar, regresé a mi propia cama. Era una de las experiencias físicas/espirituales que haya tenido vez alguna. Sin embargo, más adelante comprendí que esto era solamente una preparación.

ISLAS FLOTANTES

A las 9:00 a.m. de la mañana siguiente, Mallku y yo estábamos en el muelle de Puno esperando subir a bordo del Río Azul, un pequeño bote de turismo que nos iba a llevar, a nosotros y otras doce personas, a las islas flotantes de juncos de la gente de Uro. Planeamos pasar la noche en la isla rocosa más grande de Amantani y luego viajar a la Isla Taquile para el almuerzo del día siguiente.

La zona del muelle estaba zumbando con Indios locales que hablaban Aymara, vestidos con la vestimenta tradicional. Para las mujeres esto representaba, polleras negras amplias, vistosas blusas de colores, un mantón de mano, el cabello trenzado y el omnipresente sombrero negro tipo hongo. Los hombres con fajas tejidas coloridas alrededor de su cintura, intercambiaban los buenos deseos y las hojas de coca los unos con los otros, en un saludo tradicional. Turistas vestidos con blue jeans regateaban con los capitanes de los botes para lograr los mejores negocios mientras que músicos alegremente vestidos saltaban de bote en bote tocando por propinas. Mallku se fue corriendo para comprar alguna fruta y papel higiénico – provisiones para los dos días que estaremos viajando por las primitivas islas del Lago Titicaca. Una ráfaga de viento fresco hizo arremolinar a la basura a nuestro rededor. Los vendedores hicieron un último esfuerzo para vendernos bebidas suaves, dulces y gorros tejidos a mano. Los gases de diesel llenaban el aire cuando la máquina del Río Azul arrancó. Estábamos iniciando nuestra aventura!

A una altura de 12,500 pies los días eran frescos, sin embargo los rayos solares eran fieros. El Lago Titicaca es tan grande, que con sus 3,200 millas cuadradas, crea su propio clima. Esto mantiene los extremos de la temperatura más templados para los habitantes de las islas que para la gente que vive más alejada del agua. Nuestro bote se deslizaba lentamente a través de aguas de poca profundidad con contenido abundante de los juncos de totora que son el literal fundamento de la vida de las aldeas de los Uros. Los juncos que crecen naturalmente son cosechados y utilizados para la construcción de las islas flotantes mismas. Estas islas hechas por el hombre generalmente durarán unos veinte años antes de pudrirse totalmente o si las aguas del lago se elevan.

Los juncos de totora se atan juntos, capa sobre capa, para crear una gruesa plataforma flotante, elástica, sobre la cual los nativos Uros construyen chozas de junco, pescan desde botes de junco, hacen cuerdas de fibras de junco, comen caña de junco, cocinan con juncos secos y hacen recuerdos de junco para vender a los turistas, para poder comprar los pocos esenciales que requieren y que no son de junco. Sus caras alegres, de color café, de mejillas enrojecidas por el sol, y sus sonrisas de bienvenida hacen que nuestra breve pausa en su mundo sea un puro regocijo. Salvo que hacen pequeñas chucherías para vender, la vida sigue siendo la misma como cuando los Incas gobernaban los Andes. Por un pequeño honorario, remamos en un pequeño bote tradicional de juncos entre las islas flotantes. Naves de un diseño similar siguen siendo usadas ahora en el Río Nilo de Egipto.

MITOS DE LOS AYMARA

La docena de otros viajeros en nuestro barco representaban un grupo ecléctico de nueve países diferentes. Además del capitán y su tripulación de un hombre, teníamos a Andrés, un hombre Aymara como nuestro guía turístico de habla inglesa. Aunque su inglés era difícil de entender, Andrés estaba entusiasmado de responder a mis preguntas. Él me dijo que su padre, que pertenece a la gente Lupaca, es un chamán y sanador. Tomé nota lo mejor que pude, navegando sobre el encrespado agua, cuando él se lanzó al folclore vivaz que precede al gobierno Inca:

Mi padre me contó de los mitos antiguos. El Cóndor fue un líder, un chamán, el primer dios de los Aymara. El Cóndor es un maestro. Él tiene un amor que se expande y enseñó acerca de la paz y de la felicidad. El Águila, o Mamani es su pequeño hermano, y Cóndor, o Mallku es el hermano mayor. Juntos formaron una escuela mística para enseñar acerca de la vida. Ellos invitaron a otros maestros importantes para hablar acerca de la vida, para vivir en armonía, en amor y verdad. Ellos invitaron a Puma, o Titi para el coraje, honra y fuerza; al Lagarto o Jararanku para la meditación y descanso; Víbora, o Amaru para la sabiduría y fetilidad; y Sapo, o Jampatu para la abundancia y riqueza.

Debido a que estaba escuchando con fascinación, Andrés continuó, compartiendo el proceso de los tres pasos que su padre ejecuta cada año, para ayudarle a “hacer ceremonias para curar a gente enferma”.

En primer lugar, mi padre toma agua de manantial sagrado para ser limpiado. En segundo lugar, el se baña en el agua caliente de manantial par la purificación de su cuerpo. En tercer lugar se va a la cumbre de una montaña porque es un templo natural. Una cueva también es un templo natural. El hace muchos días de ceremonias y ve a grandes maestros. Después de eso, él es un chamán y puede ayudar a otros.

Yo le pregunté a Andrés acerca de las leyendas de un monasterio secreto en un valle oculto cerca del Lago Titicaca, en donde se guarda el gran Disco Solar. Él indicó que pensaba que las leyendas podían ser verdad. Cuando le pregunté cómo podía hacer para encontrar el lugar, su respuesta fue, “Ora y pídele a los Maestros que vengan a tí en tus visiones interiores”. Luego este guía, locuaz, de piel oscura y corta estatura, dijo algo que me consternó completamente, “Los Aymaras creen que provienen de Lemuria”.

No tuve la oportunidad de preguntarle más a Andrés acerca de esta afirmación asombrosa, porque nuestro bote había salido de las aguas poco profundas de los juncos, dejando las islas flotantes atrás. Salimos hacia la vasta expansión no protegida, del lago. Casi instantáneamente las nubes se pusieron nudosas y amenazadoras. Arremetidas grises de viento zarandeaban y peleaban alrededor de nuestro pequeño bote, a medida que las ráfagas de olas intensificadas azotaban encima de la cubierta. El Río Azul se tiraba y rodaba en el agua agitada de color acerado, silenciando la conversación amistosa de los viajes. Probablemente yo no era la única que estaba contenta de que el desayuno había sido bastante tiempo antes. Soy un ser enclenque auto-proclamado cuando se trata de ahogarse, así que me moví hasta el alcance rápido de los chalecos salvavidas. El semblante de Mallku, que siempre brillaba con seguridad propia, dejó traslucir un indicio de miedo cuando las olas de unos diez pies se convirtieron en olas de quince pies y aún no estábamos a la vista del pequeño puerto de la Isla Amantani. Yo quisiera que él no me hubiese contado que “los botes aquí en Perú no eran como en los Estados Unidos. No tienen radio o cualquier otra forma para pedir auxilio en caso de una emergencia”. Si nos íbamos a hundir, mi plan era tener en una de mis manos mi muy viejo y pequeño chaleco salvavidas, y la otra aferrándome fuertemente del poderoso brazo de Mallku.

ISLA AMANTANI

Estuve aliviada porque no tuve necesidad de poner a prueba mis planes de emergencia. Mis piernas estaban temblorosas cuando bajé apreciando al tierra firme. Reunidos en el muelle había una docena de mujeres en sus atuendos tradicionales, cada una hilando sin esfuerzo la lana en un uso manual al que cada mujer y hombre utilizan en forma continua. Un hombre que debe haber sido el alcalde del pueblo, asignó los turistas a la casa de huéspedes de cada mujer. Nosotros le seguimos a nuestra anfitriona por una colina empinada hasta su hogar, en donde nos podíamos hospedar durante la noche. Estas son islas primitivas, aisladas del continente, en donde la gente vive en forma simple. No tienen vehículos ni rutas, no hay policía ni crímenes. Las familias, tal como lo hicieron sus ancestros, viven en casa de adobe salpicadas en un pueblo en las colinas más bajas de la isla. Ellos crían ovejas, cabras y pollos. Las colinas más elevadas están salpicadas con costrosos campos de papas, porotos y vegetales en donde los granjeros logran una subsistencia para la vida a altitudes improbables. Recientemente el gobierno ha traído retretes a la isla. Yo estaba muy agradecida por la privacidad y relativa higiene de una letrina.

La mujer que nos llevaba cuesta arriba para llegar a su hogar, varias veces se tuvo que detener para tomar aire. Su cara oscura curtida por el tiempo se hallaba cruzada por arrugas. Mallku hizo un comentario en voz baja en cuanto a su edad y su falta de su habilidad física. Suponiendo que probablemente era joven pero parecía prematuramente envejecida, yo le embromé a Mallku diciendo, “Te apuesto a que es más joven de lo que eres vos”.

“No puede ser” dijo, espantando por ese pensamiento. Pero siendo curioso, le preguntó en español, “¿Qué edad tienes... si no te importa que te pregunte?

“Treinta y cinco”, respondió, girando hacia nosotros con una amplia sonrisa que mostraba más que un diente faltante.

“Gracias”, respondió Mallku, con sus ojos agrandados por la incredulidad. Yo me reía tontamente, incapaz de contener mi hilaridad y además, me encanta tener razón! Por la media milla restante que nos faltaba para llegar a su casa, reímos ya que Mallku paraba a cada jovencita escolar para preguntarle su edad.

Sobre una fogata en la que se quemaban hojas de eucalipto y ramitas, nuestra anfitriona nos cocinó una saludable comida de papas, huevos, pan y te, lo que fue servido por sus curiosos hijos jóvenes – Jonny y Elvis. Yo le cuestioné a Mallku en cuanto al origen de semejantes nombres improbables para muchachos viviendo en una isla subdesarrollada. Mallku explicó que ello demuestra la tremenda influencia de los misioneros Protestantes en estos pueblos alejados.

Mallku y yo pasamos la tarde caminando cuesta arriba por la montaña hasta llegar a los dos templos dilapidados que hacen tan especial a la Isla de Amantani – un templo para la Madre Tierra, Pachamama; y el otro templo para el Padre Tierra, Pachatata.

CAPÍTULO 42 – FUSIONANDO LA FEMENINA DIVINA Y LO MASCULINO

“Ha llegado la hora”, dijo Mallku, despertándome. Él ya se había vestido en la oscuridad a las 4:00 a.m. cuando Teodoro, el padre de la casa, golpeó a nuestra puerta para despertarnos. Mallku miró hacia fuera por la pequeña ventana del dormitorio, hacia abajo de la colina y más allá del acuoso horizonte del Lago Titicaca. Unas cuantas rayas de luz, humeantes, previas al amanecer, hacían competencia con el brillo de Venus y lo que quedaba de la Cruz del Sur que se estaba desvaneciendo. Unos cuantos sorbos de mi botella de agua una salida al retrete, y yo también estaba lista.

Silenciosamente escalamos por el sendero pedregoso, iluminando el camino con la luz que llevaba en mi frente, pasando por la plaza en donde unos cuantos operarios esperaban en la oscuridad para comenzar la construcción diaria del centro comunitario. El camino se hizo más empinado a medida que las casas de adobe le cedían el lugar a simples campos, divididos por muros bajos de rocas. En la brumosa oscuridad, apenas podía distinguir la silueta de una mujer, con amplia falda y un bulto cargado en el mantón, y su vaca que avanzaba lentamente por otro sendero hacia sus campos. Yo temblé en la mañana fría y húmeda, ajustando mi echarpe y cuello más apretado alrededor de mi garganta. La altitud es elevada, más de 13,000 pies. Forzosamente mi respiración era profunda a propósito a medida que subíamos y subíamos por la senda rocosa.

Mallku y yo caminamos en un silencio devoto. Nuestra meta era el permitirle al Espíritu a dirigirnos en una sanación cósmica de la polaridad, específicamente la división en nuestro mundo entre lo femenino y lo masculino. Venimos a hacer esto como almas gemelas – femenina y masculina, de los hemisferios norte y sur, el Águila y el Cóndor. Para esto habíamos llegado a la Isla Amantani, un lugar sagrado en el Lago Titicaca, entrecruzado por una línea ley electromagnética mayor, conocida como la Ruta de Wiracocha, la cual corre desde Bolivia hacia el norte de Perú. Otra línea de la rejilla conecta a los dos lugares sagrados de la isla, haciendo que esto sea uno de los lugares de poder más grandes en toda Sud América. Mallku explicó que la gente pre-Colombina generalmente construía sus ciudades, templos y wakas (lugares sagrados) en puntos de convergencia electromagnéticos, para garantizar que ellos se beneficiarían de las frecuencias vibratorias más elevadas posibles.

En el pico más alto de la isla se encuentra el Templo de la Madre, el lugar sagrado de las Diosas Divinas – la Madre Tierra o Pachamama, construido mucho antes de las épocas de los Inca, durante la cultura Tiahuanaco. El Templo es un recinto circular, abierto hacia arriba, formado por una pared de piedra de construcción tosca, de una altura de siete pies. En algún momento la forma era octogonal, pero siglos de destrucción y reparaciones han hecho que sea imperfecto frente a su diseño original. Cinco círculos concéntricos de paredes de roca de una altura de unos pies, hacían que el interior sea como terrazas de niveles descendientes, muy similar a un pequeño anfiteatro circular.

A menos de media milla de distancia, en el segundo promontorio de la isla en cuanto a su altura, hay una gran colina en forma de pirámide. Aquí se halla el Templo del Padre Tierra, el Divino Masculino. De acuerdo a Mallku, este es el único templo de la fuerza masculina, o Pachatata, en todos los Andes. Es un recinto cuadrado, cerrado por muros de roca, de más de ocho pies de altura. La entrada se halla tapada por un portón cerrado con una señal claramente expuesta, diciendo Prohibido.

Después de caminar durante treinta minutos cuesta arriba a través de la altura con escaso oxígeno, el sol aún debajo del horizonte, llegamos a un lugar en donde se dividía el sendero. Mallku iba a continuar hacia arriba al Templo del Padre, yo tenía que pasar por una serie de cuatro arcos de piedra en mi camino hacia la cumbre de la montaña y al Templo de la Madre. Nos detuvimos para mirarnos, cada uno mirando por sobre el hombro del otro hacia su propio sendero. Elevamos nuestras manos, palma contra palma. Mallku invocó a los espíritus de Amantani: Mamacocha – el Espíritu del Agua; Pachamama y Pachatata – el Femenino y Masculino Cósmico. Invocó a los guías y maestros y a los animales de poder, como así también a Inti – el Sol, y Wiracocha – el dios del mundo. El invocó las bendiciones para “nuestra hermana Jonette y nuestro hermano Mallku, para esta unión sagrada”. Nos abrazamos y luego caminamos en direcciones opuestas, cada uno hacia su propio pináculo.

EL TEMPLO DE LA MADRE

La caminata se hizo más empinada. Mi respiración era laboriosa a esa altura. Yo avancé lentamente por el sendero rocoso que se hallaba partido en dos por pequeñas parcelas labradas a mano de cosechas para la subsistencia. El camino hacia el sitio de la Madre era a través de cuatro antiguas arcadas de piedra. Cuando pasé por la primera, extendí los brazos para que mis manos enguantadas pudiesen acariciar amorosamente a los centinelas de piedra e invoqué a los dioses pidiendo bendiciones y purificación. Después de otro montículo se hallaba la segunda entrada. Pasé a través de la misma pidiendo protección y fortaleza. La cima de la isla y el templo ahora se hallaban a la vista mientras pasaba por el tercer portal. Le pedí al Universo preparación. La solemne respuesta en mi mente era, Tú estás preparada. Una pesada bruma proveniente desde el agua oscurecía al sol que recién salía. El aire era apelmazado y frígido. Finalmente pasé por el cuarto portal, el que es el último. Deteniéndome en oración, pedí amor y que el mundo conozca mi amor.

Me sentí débil por el frío, y con náuseas, quizás por la empinada escalada y el aire enrarecido. También estaba un poco atemorizada mientras caminaba alrededor del templo circular en el sentido de las agujas del reloj. En ciertos lugares a través de las paredes pasaban amapolas de color naranja. Piedras encimadas bloqueaban la puerta al santuario de la Diosa. Mi necesidad fue mayor que cualquier prohibición así que cuidadosamente quité solamente tres rocas, lo que me permitió pasar gentilmente por encima del muro hacia el interior del círculo del templo. Frente a la puerta, en la parte más elevada del cercamiento, había una pila de piedras puestas al azar, con altas yerbas doradas creciendo a su alrededor. En el centro se hallaba entronizado un falo (representación simbólica del miembro viril), cerca de un pie y medio de altura, esculpido de una roca volcánica rojiza y porosa. En el centro cerca de un pequeño hoyo para el fuego se encontraba un cuenco de piedra quebrado, representando el vientre receptivo de la femenina. El cuenco contenía ofrendas de una pequeña concha, un pequeño pedazo quemado de munay – una planta aromática salvaje que crecía al lado del sendero, y una piedra con forma de corazón. A ello le agregué una pequeña bolsita dorada con piedras que unos amigos de Colorado me habían dado para el viaje.

Una roca helada al otro lado del altar se convirtió en mi silla. El sentarme para recuperar mi aliento me permitió observar las flores amarillas colgando desde sus tallos, como gotas de limón. Pequeñas flores de color púrpura emergían a través de las fisuras en la muralla de roca. Esta vez vine al Perú para estar al servicio de cualquier tipo para la humanidad y para el planeta. Yo oré para saber lo qué hacer y cómo hacerlo. “Yo invoco al Espíritu de la Madre Cósmica, la Divina Femenina, la Diosa, la Madre Tierra, mientras estoy sentada en el templo de esta isla santa en el sagrado Lago Titicaca. Yo pido ahora, en el nombre de la humanidad y en el mío propio, sostener las energías del polo femenino del planeta. Yo le pido a la Gran Presencia Femenina que esté en mí y conmigo”.

FUSIONANDO FEMENINO Y MASCULINO

En menos de un minuto mi cuerpo comenzó a temblar desde el frente a la espalda, con mi cabeza girando de arriba para abajo en oleadas. El movimiento fue similar al experimentado en el hotel en Puno, aunque esta energia era innegablemente más dominante. Las vibraciones surgieron atravesándome en fuertes oleadas de poder. Yo estaba contenta, pensando que esto me iba a mantener cálida. El movimiento no se pareció a escalofríos, era sinuoso y en forma ondulante, creciendo exponencialmente en su intensidad. Hablándole en voz alta a las fuerzas del Universo, yo proferí mi aceptación de hacer mi parte en este baile cósmico, “Yo pido ahora en el nombre de la Divina Femenina que los poderes de la Tierra estén conmigo. Yo elegí reunir estos poderes en mi ser y de conectarme con mi hermano del alma Mallku, el cual está reuniendo las energías masculinas del planeta en el Templo del Padre”. Yo creí que de alguna forma íbamos a saber cuando cada uno de nosotros llegaba a contener estas energías en nuestros cuerpos y nuestras almas, y que entonces nos íbamos a fusionar, unir y sanar la separación entre masculino y femenino. Continué hablando en voz alta, “Hemos venido esta mañana para sanar la Divina Femenina y el Divino Masculino. Somos dos almas que están respondiendo al llamado. Hemos venido.”

Mi respiración se hizo pesada como si estuviera dando a luz. Mi cuerpo se ondulaba en movimientos rítmicos, sinuosos. Mi pecho se arqueaba repetidamente, empujando hacia el altar mientras olas altas de energía pasaban a través mío. Nubes penetraron al templo, rodeándome con su fría humedad. “¿No se supone que esto se sienta bien?, me pregunté a mi misma. “¿Qué es lo que está pasando? ¿Lo estoy haciendo bien?”

Desconcertada, después de varios minutos, sentí que las olas ondulantes en mi cuerpo comenzaron a disminuir y finalmente a detenerse. Yo esperé hasta que las energías encontraron el equilibrio. En ese momento, yo era la corporización humana de todo el poder Femenino del Universo. En la quietud que le seguía, mi conciencia comenzó a atravesar el Vacío, el espacio de paz y vacuidad entre Femenino y Masculino. Mi alma, abarcando ahora la Divina Femenina viajó para encontrarse con las energías del Divino Masculino encarnado por Mallku. Repentinamente el viento sopló fuertemente en el interior del templo y un pájaro chilló ahí cerca. Yo salté atemorizada.

Ahí comenzó con mis rodillas. Ellas comenzaron a balancearse rápidamente hacia y desde la una de la otra, haciendo que todo mi cuerpo comenzara a ondular de lado a lado. Esto era distinto al movimiento anterior, el cual era del frente a la espalda. Yo asumí que esto significaba que me había conectado con el espíritu de Mallku y las energías del Masculino Universal. Mi pelvis, hombros y cabeza pulsaron violentamente hacia atrás y hacia delante. “Yo pido la convergencia, la fusión de lo Masculino y Femenino. Yo pido liberar la separación que experimentamos en la Tierra, para sanar la polaridad de nuestro planeta. Yo pido avanzar hacia la Unidad con mi hermano del alma Mallku. Yo soy el Águila y el Cóndor. Yo pido todo esto para la humanidad mientras estoy sentada en este templo sagrado de esta isla bendita”. Suspiré. Mi respiración se hizo más pesada a medida que mis rodillas se movían rápidamente hacia dentro y fuera, hacia la una y la otra. Mis hombros se movían hacia delante y atrás, no temblando, más bien como contorsionándose. Luego mi pecho se unió a la acción. Todo el movimiento era extraño mientras que mi cuerpo respondía a fuerzas fuera de mi control. A pesar de ello me sentí segura, bien enraizada y perfectamente capaz de hacer lo que tenía que hacer.

El tambaleo de mi cuerpo cambió de un movimiento de costado a costado, hacia uno de frente a espalda, un movimiento ondulatorio, que fue como en primer lugar comenzó la energía femenina. Ahora el poder que corría a través mío y la fuerza del movimiento eran explosivos. Era una tormenta de fuego de la kundalini que electrocutaba cada fibra de mi ser. Mi cuello se cansó de rebotar hacia arriba y abajo. De alguna forma yo sabía que el fuerte movimiento era la femenina uniéndose con el masculino. Ya no podía seguir sintiendo el circuito energético lunar interno de mi lado femenino como separado de mis energías corporales solares o masculinas. Se habían fusionado sólidamente en una experiencia singular. Mi pelvis se movía hacia delante y atrás, empujando hacia el falo en el altar a mi frente. Más y más rápido mi cuerpo se convulsionó en un orgasmo. Mi respiración alcanzó su clímax. Águila Blanca había dicho que Mallku y yo nos íbamos a unir como dos cables vivos tocándose. Sí, pero no era como yo lo había esperado; nada de esto se sintió sexual. Era un orgasmo energético que no tenía nada que ver con el placer sexual. Tengo que admitir que estaba decepcionada. En lugar de que la Tierra se moviera en una forma orgásmica inolvidable, yo simplemente me sentí extraña.

Esto era eso. Esta era la fusión de lo Masculino y Femenino. Mi energía y la de Mallku se fusionaron como Una. Hubo más suspiros, más temblores, más movimientos rápidos involuntarios a medidas que las olas de energía me poseían en una unión eléctrica. “En el nombre de la Madre Cósmica, el Divino Masculino y Femenino y en servicio para el planeta, pido que la polaridad de todo tipo sea sanada”. Un suave gimoteo se escapó de mis labios mientras las energías lentamente disminuían.

Las poderosas olas se detuvieron, dejándome sentir un nuevo silencio que era similar al Vacío que había atravesado anteriormente cuando mi conciencia avanzó hacia el espíritu de Mallku. Se sentía pacífico y completa. Era el espacio vacío pero poderoso después de que la materia y antimateria colisionaron. Lo Masculino y Femenino se habían aniquilado el uno al otro para convertirse en Uno. Sea lo que sea que había venido a hacer, había sido hecho. Solamente eran las 5:30 a.m. y yo tenía frío, realmente frío.

Con una media milla de isla pedregosa separándonos, en una fría y cubierta mañana, Mallku y yo habíamos hecho el amor. No lo hicimos para nosotros mismos. Nosotros cambiamos el calor de un abrazo amante, el éxtasis de una pasión entremezclada, por dos actos solitarios de trascendencia espiritual en un par de templos pre-Inca que estaban por colapsar. Lo hicimos para el mundo, simplemente porque nos tocaba hacerlo.

Los rayos del sol apenas se introducían a través de las aperturas de las rocas. Durante el amanecer del equinoccio de verano y otoño la luz que penetra en ángulo alumbra precisamente el altar. Mirando hacia fuera a través del portal del templo bloqueado con rocas, ví a otra isla en la distancia, nubes bajas y una lluvia bastante alejada. En un día claro se podía ver las montañas nevadas de Bolivia circundando el horizonte. Regresé a través de la puerta bloqueada, reemplazando cuidadosamente las piedras que había quitado para entrar. Una vez más, caminé por debajo de los cuatro arcos de piedra, dando las gracias. Lo que acababa de suceder y cuál era el significado para mí y para el mundo, no lo podía saber. Nuestra parte era la de presentarnos y de hacer lo que teníamos que hacer. La Maestría en su esencia no es lo que conocemos; son la gente común haciendo cosas que hacen los Maestros. Reflexionando sobre esto me acordé de una pregunta: “¿Estamos practicando para ser Maestros?, o, ¿Somos Maestros que están practicando?”

En la distancia ví a Mallku bajando por la montaña desde el Templo del Padre. Corriendo para ponerme a la par, yo lo llamé, “Hermano”. Él se detuvo. Yo sonreía con placer y elevé mis manos con las palmas hacia fuera, señalando el éxito. “Lo hicimos”. Su sonrisa iluminó el gris amanecer. Nos abrazamos y nos dirigimos hacia abajo a un modesto desayuno de pan con manteca, con nuestra familia de isleros.

NUESTRA PARTE DE LA PROFECÍA

La profecía del Águila y el Cóndor ha sido transmitida durante milenios durante las fogatas de los campamentos, a través de las Américas. Sagradas ceremonias uniendo a la gente y los principios de América del Norte y del Sur, han sido ejecutadas en Méjico, América Central, los Amazonas y en los Andes. Cada vez los bailes han sido bailados y las oraciones han sido cantadas, nuestros corazones humanos elevándose más hacia el sueño de la paz para nosotros y para la Madre Tierra. En ese día de diciembre, yo reclamé el poder de la fuerza femenina para el planeta. Con ese ardiente flujo divino fluyendo a través de mí, yo me convertí en el Águila. Mallku estuvo parado como apoderado de la fuerza masculina universal, sosteniéndola en su nombre – el Cóndor o Mallku. Solamente dos de nosotros, sin toque de trompetas, maestros iguales en mundos diferentes, ejecutamos un ritual en una forma que no podíamos haber planeado y que probablemente nunca comprenderemos. Nosotros hicimos nuestra parte para fusionar juntos al Norte y al Sur, femenino y masculino, el Águila y el Cóndor.

Lo que ha sucedido durante una media hora en la Isla Amantani me ha dado innumerables regalos. Fue una Iniciación Maestra, fortaleciendo y equilibrando plenamente los aspectos masculino y femenino en mi interior. En vez de estar sostenida en una oposición rígida, las energías bailaron, fluyeron y se entremezclaban la una dentro de la otra. El resultado es la fusión de opuestos que ha elevado a mi espíritu más allá de la polaridad. Ahora experimento un núcleo de luz interna que me brinda una casi constante sensación de ‘bienestar involuntario’.

Más adelante Águila Blanca me ayudó a comprender lo que había pasado esa mañana:

La sanación estaba enfocada en la polaridad dentro de todas las almas, no solamente la polaridad de lo masculino y femenino. El acto torció a la conciencia humana hacia arriba a otra muesca más cercana al mundo Divino, especialmente en las áreas de separación y polaridad.

Desde su ser como Kumara, su propio ser sirviente, más elevado, divino, Jonette fue activada para hacer la ceremonia por cuenta del mundo. Su habilidad para sostener energía magnética y elevar a otros hacia estados más elevados, su habilidad para mantener el equilibrio, fueron todos expandidos y fortalecidos a través de la iniciación de energía en la que participó. No es que Jonette simplemente recibió una iniciación, ella orquestó lo que sucedía.

Yo creo que en las dimensiones más elevadas, toda la humanidad está interconectada. Cualquier avance que uno de nosotros experimenta se comunica a través de un campo morfogenético hacia todos los demás. La plantilla vibratoria de la polaridad sanada que ahora sostengo en mi cuerpo, actúa como un diapasón para llevar las energías de otras personas hacia una armonía fusionada a través del principio de la resonancia.

Reflexionando sobre lo que habíamos hecho, comprendí que Mallku y yo probablemente habíamos pasado vidas siguiendo al destino y preparando para esta parte de nuestro viaje del alma. A las pocas horas de nuestro encuentro en el Amazonas, este hombre, mi alma gemela, se acostó al lado mío, haciendo que nuevos y más fuertes flujos de energía sexual se despertasen en mi cuerpo. Yo en cambio compartí mis poderes al iniciarlo con el signo del Líder. En la Cueva de la Serpiente, Mallku coreografió un espacio sagrado tan potente, que mi propio ser divino, Kumara, hizo su debut. Ella puso los fundamentos para la ceremonia que acabábamos de completar al llevar a nuestro grupo para unir en espirales la esencia de la Divina Femenina y del Divino Masculino. Más adelante en ese mismo día, Mallku nuevamente organizó sus poderes chamánicos, creando esta vez un espacio para mi búsqueda de una pirámide mística en done recibí el nombre de Kumara, las energías codificadas y la sabiduría del Disco Solar. Unos días más adelante, Mallku siguiendo a sus instintos espirituales llevó a nuestro grupo al Gran Portal Interdimensional de Aramu Muru, esculpido en la roca cerca del Lago Titicaca, un espacio al que había visitado anteriormente con Sue Burch en una meditación. A cada vuelta del camino, Mallku y yo hemos sabido intuitivamente como trabajar juntos.

Mallku puso a prueba mi coraje y confianza en él cuando me ayudó a trepar sobre la cara de la roca en la cueva sagrada conocida como el Cerebro de Wiracocha. Ambos demostramos fe en nuestro destino al estar dispuestos a dejar nuestras familias, nuestros negocios y nuestras vidas ocupadas para estar juntos en una pequeña isla en un lago sagrado en las altas planicies de Perú. Nuestras vidas serán distintas porque actuamos en confianza y “dejamos que el Amor nos haga”.

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