EL COLOR: CUANDO EL AMOR Y LA SANACIÓN SE VISLUMBRAN EN UN SIMPLE MATIZ

EL COLOR: CUANDO EL AMOR Y LA SANACIÓN SE VISLUMBRAN EN UN SIMPLE MATIZ

Carmelo Urso

entiempopresente@gmail.com

El azul del cielo, en la soleada mañana dominical, produce en nosotros una suprema alegría. Recordamos a nuestros seres más queridos, pensamos en un viaje a la playa, en jugar una partida de fútbol o en dar una caminata por el campo. En tales momentos no se nos ocurre pensar que ese límpido añil del firmamento es una simple ilusión visual, producida por la interacción de las ondas de luz blanca que emite el sol con las sutiles moléculas de gas que componen la atmósfera terrestre.

No obstante, desde el punto de vista afectivo, intelectual y espiritual, los efectos del color van mucho más allá de cualquier fenómeno óptico. Los colores, en nuestra vida cotidiana, causan efectos dispares en cada persona. Una mañana brumosa deprime a unos y solaza a otros. Gustan al irreverente rockero los atavíos oscuros; las prendas claras y cómodas caracterizan al practicante de yoga; las ropas de extrovertidos tonos enaltecen la figura de la mujer coqueta.

En todo caso, nuestra percepción del color y sus efectos sobre la mente no son neutros: ciertos matices nos enervan o sosiegan; otros realzan nuestro ánimo e, incluso, sanan las dolencias del cuerpo y el alma.

Blanco: matiz de matices, color de luto y alegría

El blanco, más que un color, es la suma de todos los matices. Lo comprobamos en el prisma que refracta la luz de una lámpara y disgrega sus infinitos tonos. También sabemos que cada perla de rocío está habitada por un arco iris… y éste emerge cuando la luz atraviesa a la gota.

En Occidente se usa como símbolo de justicia, paz y limpieza de espíritu. Deambulan los ángeles, en sus metafísicas andanzas, con blancas túnicas. En China, por el contrario, es el color del luto. La Muerte, en aquella vasta nación asiática, va vestida con albos ropajes. Incluso, en algunas regiones de ese país, la novia, en la ceremonia matrimonial, viste de blanco ya que nunca más volverá al hogar paterno, y por ello, ha muerto simbólicamente para la familia.

El Amor, la Verdad y los cadáveres también tienen color

En Rusia, el rojo es el color del amor: por tal razón, los comunistas lo adoptaron como símbolo de su partido. En el panteón de dioses de la India, la Diosa Madre de la Tierra se representa con el color rojo. En Occidente, es el matiz de la pasión y la seducción. Por otra parte, utilizan los chinos banderitas y cortinajes rojos para atraer a la buena suerte: por ello, no es casual que en sus restaurantes cunda ese color.

Para los griegos, el amarillo era atributo de Apolo, dios solar. En este sentido, representa energía, riquezas y generosidad. Los tonos amarillos también suelen interpretarse como joviales, afectivos y excitantes. Psicológicamente, se les asocia con expansión material, prosperidad y liberación.

El azul era el color de la verdad para los egipcios. Para los cristianos, el azul celeste es, por antonomasia, el color de la devoción. En Occidente, el azul fuerte es relacionado con la masculinidad, en contraposición con el rosa, color de la femineidad y los afectos.

No es ningún secreto que el verde es el color de la naturaleza y la fertilidad. Menos conocida es su asociación con los cadáveres: esta perspectiva pertenece a los egipcios, quienes pintaban a Osiris (dios de la vegetación y la muerte) de verdeantes tonalidades.

Violeta es Armonía, Púrpura es Poder

El violeta es, a juicio de los practicantes de la meditación metafísica, el color de más alta vibración y, por ende, con mayor capacidad de armonizar. Para los anglosajones, es el color de la pasión amorosa. En cambio, para los poetas simbolistas franceses del siglo XIX era el color de la nostalgia y el recuerdo

Hace siglos, la sustancia para teñir las telas de púrpura se obtenía de un pequeño molusco. Acumular grandes cantidades de tal tintura resultaba costoso. Por ello, cuando alguien llevaba una prenda purpúrea, se entendía que era una persona de gran poder económico o político. Incluso, hoy en día, a los cardenales de la iglesia católica se les dice "purpurados".

Colores y terapias que sanan

Dijo alguna vez el famoso físico inglés Isaac Newton, descubridor de la ley de gravitación universal: "El color reside en nosotros". Si ello es verdad, y diversos sistemas terapéuticos parecen probarlo, nuestro sistema mente-cuerpo tiene la capacidad de sanar y armonizar a través del uso de los colores.

La Cromoterapia es uno de esos sistemas. Según la especialista española Rosa Torroella, hay en nuestro organismo doce vibraciones fundamentales y a cada una de ellas le corresponde un color. Aplicando haces de luz del matiz adecuado sobre los meridianos y puntos de la Medicina Tradicional China, se pueden sanar las alteraciones de la salud, recuperando así su armonía espiritual y energética.

De acuerdo a la cromoterapia, los colores calientes y cálidos (rojos y naranjas) facilitan las posibilidades de regeneración y recuperación. Los colores frescos o templados (amarillos y verdes) mantienen la fluidez y la higiene. Los colores fríos (azules y violetas) facilitan los intercambios y la circulación de energía.

Tama-do: reintegrar en nuestra alma el vasto espectro del arco iris.


Patricia Janusz, intuitiva y sensitiva francesa, y su amiga Fabien Mammam han desarrollado una terapia llamada Tama-Do, la cual utiliza mezclas refinadas de aceites esenciales, y extractos de minerales y plantas que se aplican en puntos estratégicos del cuerpo humano para equilibrar el aura humana. Tal terapéutica se basa en dos pilares: la eficaz composición de sus pócimas y el intenso color de las mismas.

Según Janusz, el aura humana es un campo energético de luz que expresa variopintos mensajes vibratorios. "Somos como un arco iris, procedente de la luz pura; no obstante, al reencarnar, elegimos desprendernos de siete u ocho colores de nuestro espectro para densificarnos y convertirnos en materia. Gracias al trabajo sanador con el color, reintegramos en nosotros cada una de las virtudes de la franja cromática, equilibrando nuestra psique y cuerpo".

Cuando el hastío nos abruma, cuando nos anegan emociones de depresión o tristeza, decimos metafóricamente que nuestra vida "no tiene color". En cualquier caso, basta a veces contemplar el exuberante matiz de una flor, los vívidos tonos de un amanecer o el sigiloso titilar de los astros nocturnos para recordar esa luz de la cual procedemos, esa luz que, al igual que nuestra alma, contiene todos los matices y potencialidades que el Creador concibió en su mente infinita.

Recuadro:

Una meditación con colores

La psíquica española Arrais nos provee esta técnica de meditación con colores. Es muy sencilla:

1. Ponte en la posición que te resulte más cómoda; si lo necesitas, coloca, a volumen moderado, una música relajante; cierra los ojos; respira a fondo sobre el centro de tu plexo solar. Inspira por la nariz y espira por la boca, a bocanadas largas y profundas; relaja tu mente; con cada aspiración y expulsión del aire de tus pulmones, encontrarás una confianza interior en la bondad de Dios y en su capacidad curadora inagotable.

2. De acuerdo a la necesidad física, espiritual y emocional que tengas, visualiza los siguientes colores para iniciar tu proceso de curación psico-espiritual:

· Para obtener alegría: aspira el naranja y espira el azul.
Para incrementar las funciones intelectuales: aspira el amarillo para y espira el violeta.
Para purificar: aspira el verde y espira el magenta.
Para fortalecer el sistema inmunológico: aspira el turquesa y espira el rojo.
Para obtener relajación: aspira el azul para encontrar relajación y espira el naranja.
Para incrementar el sentimiento de autovaloración: aspira el violeta y espira el amarillo.
Para erradicar pensamientos obsesivos: aspira el magenta y espira el verde.
Para obtener vitalidad: aspira el rojo y espira el turquesa.

Tómate todo el tiempo que sea necesario, hasta que te sientas relajado o satisfecho.

A medida que practiques esta técnica de aspiración y espiración del color, descubrirás que te sientes más equilibrado y lleno de energía.