Terapia Aura-Soma: La Sanadora Voz de los Colores.

Terapia Aura-Soma: La Sanadora Voz de los Colores.

Carmelo Urso
entiempopresente@gmail.com

Hace algunos años, una Voz espiritual reveló a la australiana Vicky Wall una terapia llamada Aura-Soma. Con ella, más de un millón de personas han hallado el camino de la salud en todo el planeta. Lo singular de este método de sanación es que se basa en los colores... ¡y Vicky estaba ciega cuando canalizó sus fundamentos teóricos, prácticos y espirituales! A continuación, su historia...

Una niña genial, un padre cabalista y una mala madrastra

Vicky Wall era la séptima hija de su padre, que a su vez también había sido séptimo hijo. En la mística judía, este hecho se considera un poderoso augurio, pues se piensa que el séptimo hijo de un séptimo hijo resultará un individuo muy especial. En el caso de Vicky, el tiempo corroboraría plenamente este aserto.

Corría la segunda década del siglo XX. Vicky y su padre, ingleses de ascendencia judía, paseaban diariamente por el campo. Buscaban plantas para curar sus enfermedades y las de sus amigos o parientes. El padre, que practicaba la meditación cabalística, identificaba, a través de su talento espiritual, cuáles plantas eran idóneas para el dolor de cabeza, el malestar estomacal o cualquier otra dolencia. La hija estaba dotada de una poderosa intuición que, día a día, el padre se ocupaba de estimular y entrenar.

"Tráeme una planta que cure la tos". "Consigue una hojas para aliviar el dolor de garganta". "Halla una flor cuya infusión mitigue el malestar estomacal": la pequeña Vicky cumplía estas órdenes sin otra herramienta que sus dotes intuitivas. Casi siempre acertaba.

Padre e hija tenían una relación muy estrecha, especial. Sin embargo, un día las cosas cambiaron. Vicky quedó sin madre. Poco después, su progenitor contrajo segundas nupcias, buscando mamá substituta para sus hijos. La madrastra resultó tener un carácter demasiado duro... ¡y atormentaba a Vicky con sus excesos físicos y verbales! Después de cumplir los 13 años, Vicky se vio obligada a escapar a casa de una amiga.

Un segundo entrenamiento y una ceguera muy particular

El papá de su amiga era dueño de una farmacia. En ella, Vicky aprendió a preparar toda clase de fórmulas y pócimas. A la par de su entrenamiento farmacéutico, sus facultades espirituales seguían desarrollándose. A veces, cuando se le pedía un medicamento, Vicky dejaba correr su intuición, y sin saber cómo, preparaba una panacea. Abundaban los clientes agradecidos. Más adelante, Vicky estudió fisiatría, reflexología y fue la primera mujer inglesa en recibir el título de osteópata.

Llegado el momento, contrajo matrimonio... pero la unión resultó un estrepitoso fracaso. No tuvo hijos. Su vida familiar no volvió a ser feliz, como en aquellos lejanos días de infancia que compartió con su padre el cabalista.

Con el paso de los años, diferentes problemas de salud la aquejaron, especialmente hipertensión y diabetes. Tales complicaciones desembocaron en la pérdida física de la visión. No obstante, Vicky padecía una ceguera muy particular: podía sentir los colores y ver el aura de las personas...

A dividir las aguas... ¡y los aceites!

En 1984, Vicky Wall había cumplido 66 años. Su vida transcurría sin demasiadas expectativas ni sobresaltos.

Sucedió una noche. Mientras hacía la meditación cabalística que su padre le había enseñado tantos años atrás, Vicky tuvo la espléndida visión de un arcoiris. De pronto, una Voz le dijo lacónicamente: "Tienes que dividir las aguas". "¡Ay!", pensó Vicky, "ahora, aparte de ciega, me estoy volviendo loca. Resulta que escucho voces". Durante tres noches seguidas, la visión del arcoiris y el imperioso mandato la Voz se repitieron.

La Voz empezó a instruirla de manera amorosa. Noche a noche, Vicky canalizaba peculiares recetas, que preparaba mezclando esencias vegetales y minerales. Vicky envasaba estas fórmulas en viejos frascos de colonia. La mitad superior de cada frasco contenía un líquido aceitoso de color que flotaba sobre una segunda capa de otro color cuya base era acuosa. Al agitarlos, se formaba, por un instante, una breve emulsión que contenía exactamente 50% de agua y 50% de aceite. Cada uno de ellos tenía un nombre: "Rescate Espiritual", "Frasco de la Paz", "Frasco del Corazón"...

Vicky comenzó a vender sus "joyas" -así llamaba a los frascos- en ferias callejeras. Lo que más llamaba la atención de las personas eran los vívidos colores, hermosos matices que la señora Wall no podía percibir con la vista de los ojos, pero sí con la visión del Espíritu. Vicky no tenía la intención de expenderlos como productos medicinales sino como objetos decorativos. Las ventas prosperaron: resultaba que los entusiastas compradores regresaban buscando tal o cual emulsión porque se habían curado de migraña, pie de atleta, hipertensión, e incluso, cáncer. Ahora, Vicky sabía el por qué y el para qué de los frascos.

Nacimiento de la Organización Aura-Soma
Por esa época, Vicky Wall conoció a Mike y Claudia Booth, con quienes estableció una estrecha comunión afectiva y espiritual. Durante siete años convivieron, hasta la muerte de Vicky acaecida en 1991. En ese lapso, con la asistencia de la Voz, los tres desarrollaron el cuerpo teórico y práctico de la disciplina terapéutica que hoy conocemos como Aura-Soma. Además, establecieron una organización, con sede en Inglaterra, Australia y Estados Unidos, la cual forma a terapistas especializados y elabora diversos productos. El lector interesado puede obtener información a través de la página web http://aurasoma.net/

Gracias a Vicky Wall, hoy podemos elegir el color que nos sane. En su caso, fue la Voz Sanadora del Color quien la eligió a ella como instrumento para el mejoramiento físico y espiritual de sus semejantes.


Plegaria para un matiz sanador
Hace algunas décadas, Vicky Wall tuvo el privilegio de canalizar la sutil Voz del Creador, ofrendando una amorosa técnica terapéutica a la Humanidad. A ella, y a todos los que se han beneficiado con el Aura-Soma, queremos honrarlos con esta plegaria, dirigida a despertar en nosotros las cualidades sanativas de los colores. Sería ideal que en cada parte de esta oración te detuvieras un momento (o el tiempo que estimes necesario) visualizando cada matiz, cada intención espiritual que te brindamos a continuación:


Amado Creador (o como desees llamarle):

Ante ti me postro, arrobado de gratitud,
Por este mundo lleno de matices
Que mis ojos tienen la dicha de amar y contemplar

Bendíceme con la energía del blanco
-suma de todas las tonalidades-
Para que ilimitadas vías de sanación se abran a mi Vida

Avívame con la energía del rojo
Y enciende en mí la pasión por disfrutar y enaltecer
Cada segundo de salud que me brinda la existencia

Dótame con la energía del amarillo
Para que la áurea luz de Tu abundancia
Colme de milagros mi cotidiano vivir

Capacítame con la energía del verde
Para ser próspero en cada iniciativa,
Como rama que rebosa de follaje y fruto

Que Tu gracia también me impregne
Con el suave azul de la devoción, el cálido rosa de la fertilidad
Y el fuego violeta de la armonía

Permíteme, en fin, recorrer
El vasto arcoiris de tus creaciones,
Para así develar en cada sagrado matiz
Tu más íntima y preciada Naturaleza

Amén